GUILLERMO TOURIÑO
- Dec 22, 2025
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MCG CARPINTERIA

“RELACIONARTE CON PARES, COMPARTIR INQUIETUDES, ES CLAVE PARA AVANZAR”
Inquieto y curioso, de niño ayudaba a su abuelo albañil en lo que fuera necesario y observaba a su padre arreglar objetos electrónicos. Aunque pronto entendió que su camino iría por otro lado, reconoce que esas experiencias le despertaron el gusto por crear cosas. Estudió Diseño de Interiores en ORT Uruguay mientras cursaba también los talleres Don Bosco y, poco antes de recibirse, hizo su primer proyecto: una pequeña rotisería de cinco mesas en Pocitos. Lo que empezó como un desafío puntual se convirtió en el primer hito de su carpintería, que hoy, seis años después, emplea a 16 personas.
¿En qué momento decidiste apostar por tener tu carpintería?
Siempre me atrajo todo lo relacionado con el diseño, pero sobre todo el mobiliario, los detalles y la terminación, no así la albañilería o la construcción más pura. La carpintería me permitía seguir haciendo de todo y estar en contacto con otros mundos que me interesan y dialogan con la madera, como la electricidad, la marmolería, los acrílicos y los plásticos. Mientras cursaba la carrera y me formaba en el oficio, ya visualizaba tener mi carpintería.
¿Cuál fue tu primer proyecto?
Un local comercial muy chiquito, una rotisería en Pocitos con apenas 5 mesas. Lo trabajamos junto con compañeros de la Facultad, para quienes también fue su primer proyecto profesional. Fue un proceso de crecimiento compartido, algo que hoy valoro mucho, porque somos colegas y seguimos en contacto por trabajo
¿Cómo soñabas tu empresa?
Siempre la imaginé como un lugar muy humano. Un entorno laboral en el que todos quisiéramos estar, donde el trabajo en equipo y el respeto estuvieran muy presentes. Tanto con el equipo como con los clientes, siempre el trato tiene que cuidar las formas. El respeto y el compañerismo son valores que trabajamos constantemente, tanto dentro como fuera de la empresa.
¿Cuál fue tu primer proyecto?
Un local comercial muy chiquito, una rotisería en Pocitos con apenas 5 mesas. Lo trabajamos junto con compañeros de la Facultad, para quienes también fue su primer proyecto profesional. Fue un proceso de crecimiento compartido, algo que hoy valoro mucho, porque somos colegas y seguimos en contacto por trabajo.
¿Cómo fuiste armando el equipo?
El día que me di cuenta de que, a medida que la empresa crecía, yo me iba desorganizando, decidí rodearme de gente que pudiera hacer mucho mejor que yo las tareas que iba a delegar. Enseguida pensé en mi compañera de toda la carrera, María Peirano, que hoy es la gerenta de la empresa. Después seguimos creciendo y hoy somos 16 personas.
En ese crecimiento, ¿qué ha sido lo más desafiante como director?
Sin duda, delegar la producción. Me gusta mucho hacer cosas con las manos y lo sigo haciendo porque me permite conectar con el trabajo. La producción es desafiante, es muy compleja. Apostamos muchísimo a la tecnología, a la optimización de procesos, a ser cada vez más eficientes, y también a la gestión, porque el trabajo de oficina termina teniendo un papel mucho más grande del que se asume.
¿A qué te referís?
La gestión engloba un conjunto muy amplio de resultados: gestión de oficina, de producción, de personal… Cuando empezamos a ordenar y achicar ese universo, recién ahí podemos atacar los problemas. Uno de nuestros objetivos para el año que viene es mejorar la gestión de la oficina. Porque hoy, si consideramos que el armado de un mueble es un proceso del 100%, la oficina representa un 80%
¿Cuál es el foco de la empresa?
Estamos enfocados en soluciones para equipamiento comercial. Desde hace un par de años decidimos trabajar exclusivamente para empresas, y si hoy nos llega un pedido de un consumidor final lo derivamos a colegas. Recibimos proyectos desarrollados por colegas y asesoramos desde lo constructivo cuando hace falta, pero nuestro valor está en materializar ideas que otros pensaron. Entregamos el proyecto llave en mano: producimos el mobiliario de madera, lo instalamos, hacemos todas las conexiones necesarias y lo dejamos pronto para ser usado.
¿Por qué MCG? ¿Qué significa?
De mi abuelo Manuel, que era albañil, heredé el amor por un oficio y descubrí el valor de hacer cosas con las manos. De mi padre, que se llama Carlos y es técnico en electrónica, aprendí a gestionar y a conocer las máquinas por dentro. De alguna manera, esa curiosidad nos unió siempre a las tres generaciones, aunque cada uno la desarrolló en un área diferente.
Te formaste en un oficio muy tradicional. ¿Cuán cercana está la enseñanza a los reque- rimientos del mercado actual?
En la oficina somos cinco profesionales del diseño industrial o de interiores. Todos manejamos dibujo 3D, planos, acondicionamiento y un montón de cosas importantes, pero aun así nos falta conocimiento del oficio. La formación que tuve durante tres años en Don Bosco fue muy útil, pero la tecnología avanza y cambia a pasos agigantados. Academia y empresas tenemos que actualizarnos todo el tiempo. La falta de personal calificado es un problema grande hoy: se está perdiendo el oficio. La gente joven no quiere estudiar carpintería, aprender a manejar una máquina ni estar en un taller. Y me cuesta entenderlo porque, además de que me encanta el oficio, la realidad es que hoy hay talleres muy lindos y se puede tener un buen sueldo
¿Qué otros desafíos le ves al sector?
Los costos, que están directamente asociados a las importaciones. A las pymes nos complica bastante que sea tan fácil importar para las obras. En Uruguay tenemos una muy buena capacidad de producción y, más allá de la Ley de Vivienda Promovida, las empresas uruguayas deberíamos tener incentivos para fortalecer la industria nacional. No digo limitar las importaciones, pero sí generar un sistema donde incentivos fiscales propicien que las empresas inviertan en producción local. Cuando la construcción anda, el país sale adelante. Así como Uruguay Natural logró ser una marca país con peso mundial, Uruguay como fabricante en madera tiene un potencial de crecimiento altísimo. Acá no falta inversión, faltan políticas que apoyen la competitividad de la producción local
¿En qué momento decidiste hacerte socio de Adimau?
Me hice socio por un colega a quien agradezco mucho, Alejandro Soca. Él me aconsejó acercarme a la asociación y comprarme un CNC para ser competitivo. Cuando una empresa crece, enfrenta desafíos propios del desarrollo, más allá del rubro. Relacionarte con pares, compartir inquietudes, es clave para avanzar. Si no fuera por Adimau, no estaría donde estoy: ser socio fue 100% necesario para mi crecimiento personal y profesional. Más allá de los cursos de gestión y liderazgo que hice, el acompañamiento de colegas me permitió entender el rubro desde adentro. Yo animo a todas las carpinterías y empresas del rubro a asociarse: los vínculos son todo y la sinergia ocurre en Adimau.
¿En qué sentido Adimau te ayudó en el crecimiento personal?
Pablo Ferrer repite mucho la frase “No hay crecimiento profesional sin crecimiento personal”, y estoy de acuerdo. Está en uno poder ir viendo y rodearse de las personas que van para el lado que uno quiere ir. Hay otra frase que dice que somos el promedio de las personas que nos rodean. En Adimau uno conoce personas que van hacia el lado que uno pretende ir. Es un entorno que te permite ver cómo trabajan, cómo se relacionan con colegas y clientes, y más información que es aplicable a la empresa, pero va más allá.
Diciembre 2025
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